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Tenemos una oportunidad histórica de alcanzar un desarrollo para todos y cada uno de los chilenos. Nuestra Patria tiene una reserva ética que se expresa en una conducta de honradez, esfuerzo, disciplina y vida en familia, donde nos relacionamos y respetamos entre todos, a través de un compromiso solidario, de justicia y basado en la verdad.
Nuestra cultura cristiana nos da la convicción y la fuerza para atrevernos a revertir la tendencia del individualismo y el egoísmo. Para quienes queremos una sociedad mejor y diferente, tenemos que atrevernos a rebelarnos contra esta marea, organizarnos y ponernos en movimiento para trabajar juntos por un Chile mejor. Debemos entender que juntos se tiene más fuerza para protegernos y actuar.
Las sociedades exitosas son aquellas que tienen una base ética y de valores cívicos compartidos y practicados por la mayoría de la población. Será el esfuerzo, la disciplina, la consecuencia, la transparencia y el compromiso con la verdad nuestro sello distintivo y eje central del quehacer público.
Tenemos que trabajar para que Chile progrese con valores, y así recuperar el valor de la meritocracia y del trabajo bien hecho, porque en nuestro país la gran mayoría somos gente trabajadora y comprometida. Por eso, hay que asumir el compromiso de hacer y promover todas aquellas prácticas que tengan como eje principal la dignidad de la persona humana. Sólo así podremos construir una sociedad que asegure que el talento y el esfuerzo rindan sus frutos.
La invitación es, entonces, a atrevernos a progresar con valores para cambiar Chile. Así, podremos asegurar paz y tranquilidad, más democracia y participación, nuevos espacios de innovación y creatividad y un futuro para todos.
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