Cuando el “enemigo” no tiene rostro PDF Imprimir E-Mail

11 de septiembre de 2008

En fechas como el 11 de septiembre vemos como miles de personas toman la decisión de manifestar su malestar por medio de la violencia y la destrucción. Apreciamos, como la sociedad ha sido incapaz de canalizar las frustraciones por un camino de diálogo, entendimiento y de ganancia recíproca.

¿Qué es lo que está pasando?

Entre 1973 y 1990, Chile estuvo polarizado, dividido entre amigos y enemigos. A unos y otros los movía la lógica del conflicto. Chile fue capaz de transitar a la democracia sin violencia, en paz y con un proyecto común.

Sin embargo, superada la transición, el “enemigo” no tiene rostro. Ahora nos enfrentamos a los problemas reales y a las legítimas aspiraciones de superación y progreso que tienen millones de chilenos.

Hoy, la ciudadanía demanda más y mejor democracia, espacios efectivos de participación, oportunidades reales para todos y seguridad frente a las incertidumbres de esta nueva época. ¿Y qué es lo que perciben? Una sociedad donde los abusos de poder son cotidianos y constantes. Un país donde el apitutado, el que se salta la fila, el patudo, el mediocre y el corrupto les va mucho mejor que el se esfuerza por hacer bien su trabajo todos los días.

Eso no es aceptable. No puede ser que la política esté al servicio de los poderosos y no al servicio de las comunidades.  Estamos construyendo una ciudadanía que vive con miedo y que acumula un malestar que no tiene como ni donde expresarse.

Necesitamos hacer política de verdad y poner límites al poder. Para eso, tenemos que construir el país de abajo hacia arriba y empoderar a las personas. Porque los grandes sueños se construyen entre todos cuando se trabaja con esfuerzo, dedicación, compromiso y acción.

Muchos nos dirán que es imposible producir un cambio de verdad en nuestra sociedad. Que lo mejor es seguir administrando las cosas y dejarlas tal como están. Soy un convencido que hoy, y no mañana, tenemos que cambiar Chile. Ahora es nuestro momento si nos atrevemos a tomarlo.

La invitación es a que nos atrevamos a soñar, porque los sueños son posibles. Atrevemos a sacar la voz y actuar para cambiar nuestras comunidades. Si cambiamos nuestras comunidades, podemos cambiar Chile. Atrevámonos a ser la voz y la acción para que Chile progrese con valores.

 

 
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