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5 de septiembre de 2008
El 1 de septiembre tuve el honor de ser invitado al Tercer Seminario de Jóvenes & Política, donde tuve la oportunidad de exponer y debatir con más de 600 líderes secundarios.
Participé de la Mesa de Honor denominada "Calidad y Equidad en la Educación. ¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a Educación?”. Ahí, plantee mi convicción de que es posible mejorar la educación para esta generación. No en dos o tres generaciones más –como muchos políticos plantean- sino que es posible hacerlo ahora.
Para eso, debemos cambiar la concepción de la sala de clases y convertirla en un nuevo espacio educativo. Así, generaremos las condiciones para que los estudiantes pasen de ser meros repetidores de contenido y se conviertan en actores reflexivos y participativos.
Para esto, es vital tener educadores con vocación. Si nuestros profesores no están motivados, jamás vamos a lograr tener una educación de calidad. Tenemos que entregar los incentivos correctos. Primero, debemos como sociedad valorar el rol del educador, son ellos los que están formando a nuestros niños. Segundo, necesitamos un ejército de nuevos profesores y tienen que ser una de las tres profesiones mejor pagadas de nuestro país. Así, los que tengan muy buenos puntajes en la PSU van a querer ser profesores. Por último, paralelo a estas propuestas, tienen que existir estrictos sistemas de evaluación y de exigencias académicas.
Seamos honestos, los profesores no pueden solos. Necesitamos que los estudiantes asuman una ética de la responsabilidad. La educación debe basarse en los valores del respeto, la disciplina, la honestidad y por sobre todo, el valor del esfuerzo.
Hay que asegurar que todo aquel que se esfuerce va a tener las oportunidades que se merece. Para ello, tenemos que instaurar un servicio a la patria que asegure que todo aquel que trabaje al servicio de las comunidades por 3 años, se les paguen la totalidad de sus estudios. Y este sistema, debiera partir con los profesores que trabajen en colegios públicos a lo largo de todo Chile.
Para mejorar la educación, necesitamos también mejorar el entorno. Soy un convencido que las escuelas, liceos y colegios deben ser siempre un espacio público. Tienen que abrirse a las comunidades y convertirse en un lugar donde no solo se estudie durante las horas de clases, sino donde también se pueda compartir, convivir y desarrollarse después de ese horario. Es inaceptable que las salas de computadores en muchos liceos se cierren al sonar la campana, es igualmente inaceptable que no se puedan usar las canchas para hacer deportes o actividades culturales.
Es vital introducir nuevas tecnologías al nuevo espacio educativo, por eso, necesitamos un computador por niño con acceso a conectividad gratuita a lo largo de todo nuestro territorio. Quiero hacer un llamado a la presidenta Bachelet, para que se atreva y tome la decisión política para que todos los niños de Chile tengan un computador y podamos disminuir la brecha digital. El proceso de educacional debe potenciar la curiosidad propia de la infancia y no encerrarlo en la sala de clases.
Por último, quiero hacer un llamado a las familias. No hay educación que remplace a las familias. Los padres tienen que apagarles la tele a sus hijos y ayudarlos a hacer las tareas.
Hoy no es tiempo de planes pequeños. Se requiere coraje y voluntad política para llevar a cabo los proyectos que Chile necesita. El Estado tiene que hacer bien su trabajo, pero no puede solo. Los directivos, profesores, estudiantes y las familias tienen que hacerse responsables. Así, construiremos un país que progresa con valores para todos y cada uno de los chilenos.
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